EL FESTEJO CON MARADONA. Palermo, 36 años, goleador de la era Maradona, celebra su primer gol en un Mundial. (AFP)
POLOKWANE, Sudáfrica (Enviado especial).- Con mayoría de suplentes, sí. O con mayoría de "fieras", diría Diego. Con Messi en la cancha y con el brazalete (amarillo) de capitán. Y con la certeza de mantener el rumbo victorioso, la fortaleza en pelotas paradas y el respeto máximo de los rivales, que atacan poco y nada y así se cavan su propia fosa. Así, Argentina le ganaba 1-0 a Grecia. Pero todo eso hay que borrarlo, o dejarlo de lado, porque un gol que en realidad no cambió nada, en las sensaciones puede hacer cambiar todo. Y si el gol es de Palermo, el banco explota como si fuera la final del Mundial, y la gente en las tribunas se retuerce festejando con tantos recuerdos que regresan a la mente.
Así, es. Martín Palermo, en sus primeros 11 minutos mundialistas, capturó ese rebote de Tzorvas y, de derecha, metió el 2-0. Sí, Palermo, el de la película que no termina nunca, y otro gol agónico, como aquel ante Perú, pero en otras circunstancias. Fue un gol premio, un gol para que todos sonrían. Un gol que no cambió nada, y sin embargo fue capaz de cambiar todo. Un gol que le dio sentido a este partido que se esperaba con sabor metálico.
Aunque Argentina haya jugado de azul, la mayoría de la cancha fue celeste y blanca. Hubo más de 30 mil argentinos en las tribunas. ¿El hit preferido? "Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta, es un ingleeés". La sensación de localía fue abrumadora. Tanto que las vuvuzelas no sonaron tanto.
La Selección inquietó recién cerca de los 20, con un remate de Aguero que Tzorvas sacó al córner. Había sido una gran maniobra del delantero, que giró y se llevó 15 metros a su marcador con pelota dominada, hasta quedar en posición de tiro. Luego, de ese mismo tiro de esquina, un remate de 30 metros de Verón que nuevamente despejó el arquero griego. Un par de minutos después, una pelota rasante de Verón, sorprendiendo tras una salida de tiro libre, cruzó el área y Bolatti, de taco, no llegó a conectarla bien para Agüero, que entraba por atrás.
El esquema griego comenzó con una telaraña de jugadores que respetaron más la posición de los contrarios que las líneas propias. Pero se destacó la marca personal, estilo años 80 de Papastathopoulos sobre Messi. Si Leo iba a la derecha, el 19 iba a la derecha. Si Leo iba a la izquierda, el 19 iba a la izquierda. Si Leo se quedaba de punta, el 19 se quedaba con él, de último hombre, desentendiéndose de lo que hicieran el resto de sus defensores.
MESSI FUE ELEGIDO como jugador del partido. Aquí, lo corre su stopper griego. (AFP)
Nuevamente estuvo cerca Agüero, entrando por la izquierda (la posición que más le gusta), pero su remate rebotó en un contrario y salió al tiro de esquina. Por ese lado también lastimó Clemente Rodríguez -cesión exquisita de Verón- cuyo centro hizo pasar de largo al arquero, pero apareció el cierre salvador (al córner, cuándo no) de Papadopoulos.
Pero en los últimos minutos del primer tiempo, el partido se picó por la férrea marcación de los griegos (11 faltas, contra 4 argentinas) lograron sacar de las casillas a Clemente, Maxi y el propio Messi, quien se quejó abiertamente de la constante predisposición de su marcador para frenarlo con foul. Fue justamente Messi, en la primera jugada que se distrajo Papastathopoulos, quien se sacó a dos rivales con un enganche endiablado y metió el zurdazo bombeado que sacó, una vez más, Tzorvas al córner. Y el primer tiempo quedó 0-0, un resultado injusto desde la actitud y también desde las estadísticas: 67% de posesión para Argentina, 8 tiros al arco: 33 por ciento de posesión de los griegos y ningún tiro al arco.
La segunda parte arrancó bajo los mismos parámetros. Pero tuvo la llegada más peligrosa de los griegos, con una escapada de Samaras, que anticipó muy bien a Demichelis pero definió afuera con un tiro cruzado, ante la volada de Romero. Unos minutos más tarde, el mismo duelo volvió a terminar a favor del griego, que de media vuelta la tiró muy por arriba. De todas formas, muy poco para un equipo que se estaba quedando afuera de la Copa. ¿Atacar con más gente? No way. ¿Intentar presionar a la Selección? Tampoco. Firmes en el fondo, Grecia parecía estar esperando que le hicieran el gol. Que pudo llegar con Bolatti, en ese córner peinado que le quedó justito para rematar de derecha, pero que encontró al cuerpo del arquero.
Y finalmente, luego de otro córner (el noveno), llegó el cabezazo de Demichelis que dio en Milito, y el remate fortísimo otra vez de Demichelis, para terminar con el pegajoso sistema griego y, también, tomarse algo de revancha por el error del partido anterior.
El ingreso de Pastore -tocó todas las pelotas rápido y muy bien- se sumó al debut mundialista de Otamendi y Clemente. Pero faltaba más. Faltaba todo, por así decirlo. Y a 11 minutos del final, a la cancha entró el número 18. La tribuna explotó en una ovación. "Paleeeermo, Paleeeermo". Entraba el goleador que, en un partido definido, será capaz de robarse todos los títulos. Y le pondrá a su película un capítulo inesperado: ¿Quién será capaz de olvidar ahora a la pequeña ciudad de Polokwane?
Martín Mazur
Formaciones:
ARGENTINA 2 (4-3-1-2): Romero; Otamendi, Demichelis, Burdisso, Clemente Rodríguez; Maxi Rodríguez (62' Di María), Bolatti, Verón; Messi; Milito (79' Palermo) y Agüero (75' Pastore). DT: Maradona.
GRECIA 0 (3-3-3-1): Tzorvas; Moras, Kyrgiakos, Papadopoulos; Vyntra, Papastathopoulos, Torosidis (54' Patsatzoglou); Katsouranis (54' Ninis), Tziolis, Karagounis (ST 0' Spiropoulos); y Samaras. DT: Rehagel.
Goles: 77' Demichelis (1-0) y 90' Palermo (2-0). Arbitro: Ravshan Irmatov (UZB). Amonestados: Katsouranis y Bolatti. Expulsados: -.
ESTADIO: Peter Mokaba, Polokwane. Partido jugado el 22 de junio de 2010, tercera fecha del Grupo B. Público: -