A LA FINAL. Sonríe Robben tras su gol. El tercero de Holanda, para meterse en la final del Mundial. (AFP)
Primera semifinal de Sudáfrica 2010. Impensada para la mayoría. Difícil de vaticinar por estadísticas tratándose de Uruguay y Holanda, ya que, a pesar de ser seleccionados con respetable historia futbolística, sus antecedentes de los últimos tiempos no daban -en la previa- para imaginarlos enfrentándose por un lugar en la final del Mundial. Tras 40 años sin estar entre los cuatro mejores del mundo, la Celeste quería seguir haciendo historia y alcanzar el partido decisivo como en 1930 y 1950, cuando se consagró campeón. Por su parte, los europeos también jugaron dos finales -en 1974 y 1978-, pero perdieron ambas, pese a contar con excelentes jugadores en sus filas. En esta oportunidad, por la calidad de futbolistas que posee, la Naranja era la favorita a quedarse con el duelo. Y así fue.
En un encuentro que con el correr de los minutos cobró cada vez mayor intensidad, Holanda fue pura contundencia y derrotó a Uruguay por 3 a 2, en el estadio Cape Town de Ciudad del Cabo, con goles de Van Bronckhorst, Sneijder y Robben, y se clasificó a la final del Mundial 2010, donde espera por España o Alemania, que se enfrentarán mañana.
Los primeros instantes del partido mostraron a los sudamericanos adueñarse de la pelota, con tranquilidad y asegurando la posesión. Sin embargo, a los tres minutos llegó el primer susto para la Celeste. Centro de Robben, Muslera despejó mal y la dejó corta sobre el sector izquierdo del área, para que Kuyt termine rematando de volea, desviado por arriba del arco.
ROBBEN FESTEJA, Uruguay sufre. La Celeste cayó ante Holanda, pero con una digna actuación. (AFP)
Uruguay no se desordenó. Dejó de controlar la pelota, pero mantuvo la calma y continuó muy bien parado en todas sus líneas –sobre todo la última-. Pero con eso solo no le alcanzaría. En la primera que los habilidosos de Holanda toquetearon de derecha a izquierda, recibió el capitán, Giovanni van Bronckhorst, y con un zurdazo exquisito la clavó en el ángulo superior izquierdo de Muslera para poner en ventaja a la Naranja.
Tras el 1-0, lejos de retrasarse, los holandeses se adelantaron lo necesario para tener un par de situaciones vía pelota parada y así obligar a Uruguay a replegarse. No obstante, los dirigidos por Bert Van Marwijk no encontraban cómo abrir el cerrojo defensivo uruguayo y por eso, lentamente, los Charrúas retomaron el control del juego y la calma. Así, a falta de cinco minutos para irse al descanso, Forlán recibió casi en el medio del campo holandés, metió un enganche corto hacia adentro y con un potente remate de zurda al medio del arco –complicidad incluida del arquero Stekelenburg- decretó el 1 a 1 que, a esa altura, lo merecía de sobra.
En el inicio del complemento nada cambió. La Naranja ganaba en la posesión pero no encontraba el camino, ante la concentración de los orientales. Por el contrario, el fondo holandés sufría con las corridas de Cavani y los remates de Forlán. Sin embargo, al igual que en el primer tiempo, cuando parecía que los europeos estaban dormidos y sometidos al control charrúa, apareció la efectividad de los holandeses para conseguir el segundo. Un disparo de Sneijder, luego de desviarse en un uruguayo, rozó en Van Persie –adelantado- y se coló en el palo más lejano de Muslera. Se pinchaba la ilusión de la Celeste. Y mucho más cuando cuatro minutos después, a los 72, todavía golpeados por el segundo tanto, los defensores charrúas perdieron la marca de Robben que con un certero cabezazo con el parietal derecho puso el 3-1.
En el primer minuto de descuento, Maxi Pereira volvió a encender la esperanza tras marcar el 3-2 con un remate desde la medialuna. Sobre los segundos finales fue todo Uruguay a buscarlo, pero la Naranja aguantó y, aunque tal vez no lo haya merecido, gracias a su contundencia se metió por tercera vez en una final del mundo. La tercera ¿será la vencida?
Ignacio Arias